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Tras Europa, Asia y África, La vuelta al horror desembarca por fin en el
continente donde la leyenda se mide en kilómetros de autopista y de
pantano, y donde cada frontera parece haberse llevado consigo algo que
nadie fue a reclamar.
Quince criaturas. Quince lugares. Quince dípticos donde el cuento
tradicional -restituido con la fidelidad de un recolector, fuentes en
mano- abre paso a un relato moderno que prolonga su eco hasta hoy.
El Wendigo canadiense, hambre hecha hombre en un invierno que no
terminaba. El Chupacabras de Puerto Rico, que en 1995 cambió para
siempre la forma en que un pueblo entero cuenta a sus animales por la
mañana. La Llorona, que camina a lo largo del agua desde Xochimilco y
que el agua no ha dejado de recordar. La Corriveau, mujer quebequesa
expuesta en una jaula de hierro durante ciento cincuenta años en las
barracas de feria americanas. El Mothman de Point Pleasant, presagio de
un puente que efectivamente se derrumbó. Y otras diez criaturas,
espíritus, aparecidos y presencias de carretera, del Tennessee a
Nueva Jersey, de Luisiana a Oklahoma, cada una vinculada a un relato
contemporáneo donde un testigo corriente -maestra, veterinaria,
telefonista, fotógrafa, guarda forestal- se encuentra cara a cara con lo
que su familia le advirtió que no debía mirar.
Un hilo discreto atraviesa estos quince relatos hasta el anexo final: el
de un mapa de carreteras cubierto de cruces a lápiz, heredado de una
fotoperiodista quebequesa desaparecida hace mucho tiempo, cuyo rastro
solo se cierra en la última página.
Tres obsesiones gobiernan este cuarto tomo: la frontera que no protege
de nada, el nombre que hay que pronunciar con cuidado -o nunca-, y la
carretera como lugar donde lo antiguo y lo moderno se cruzan sin
avisar. Fiel al espíritu de la colección, aquí el horror no se muestra:
se sugiere, y es precisamente lo que no se ve lo que permanece.
Un anexo erudito cierra el volumen, con las fuentes etnográficas
precisas de cada una de las quince criaturas y las libertades que la
ficción se ha tomado con ellas.
Una obra para los amantes del horror literario exigente, del folclore
norteamericano y de los relatos con giro final -para leer en orden, o
un relato a la vez, al azar de los siete continentes.